Menos biodiversidad aumenta el riesgo de enfermedades infecciosas como el Covid 19

Imagen 3d del Covid-19

Nota de Fabien Bourlon, Geógrafo del CIEP.

 

Diversos estudios han demostrado que el COVID 19, como el SARS en 2006, fueron transmitido a los humanos a través de un animal silvestre. El virus Covid-19 o el nuevo coronavirus, nunca antes habían sido identificados en humanos.

 

El profesor Gozlan del Institut de Recherche et Développement en Montpellier, Francia, afirma: “Cuanto menor sea la diversidad biológica de los animales, mayor será el riesgo de transmisión de animales a seres humanos”. Esto, porque una población animal que es portadora de un agente infeccioso, como un virus, tiene varias formas de contener ese virus o desarrollará una diversidad genética resistente a diferentes cepas infecciosas y, por lo tanto, será menos fácil de transmitir.

Si las poblaciones se reducen y baja la biodiversidad genética, reducimos estos fenómenos de resistencia natural. Es decir, cuanta más diversidad tengamos, más diluiremos el efecto infeccioso de ciertos patógenos.  A modo de ejemplo, el caso de la enfermedad parasitaria llamada bilharzia (Esquistosomiasis), donde un pequeño gusano intestinal infecta a los humanos mediante un pequeño caracol. Si tenemos una gran diversidad de pequeños caracoles, algunas especies portan este gusano, pero no son propensas para su transmisión a los humanos. Por lo tanto, cuantos más especiés, más se propagará este gusano a otros animales que no sean los humanos. El profesor Gozlan declara, “nos damos cuenta de que, con una diversidad mucho mayor, podemos reducir esta enfermedad en los seres humanos, que afecta a 200 millones de personas en todo el mundo”. La importancia de la biodiversidad radica en que los individuos absorban y diluyan la infección dentro de las comunidades y de esta forma, hacerla menos transmisible a los humanos.

 

El tráfico de fauna silvestre

Esta ingesta de proteína animal silvestre es muy importante en China, se dio por temas de hambruna en los años 50 y luego quedo como un hábito cultural. Las granjas de crianza de animales silvestre son muy numerosas en Asia y responde a una demanda local de estos alimentos. Son valorados para usos en la medicina tradicional china y satisfacer ciertas modas de las clases adineradas. El número de las granjas de civeta (Paradoxurus hermaphroditus) ha explotado en los últimos años en países como Indonesia, Viet Nam, China y ahora Tailandia para producir “café de civeta” (o kopi luwak), cosechado de los excrementos del animal, que se alimenta de las cerezas de café.

 

Los estudios han demostrado que los brotes de SARS y Ébola estaban directamente relacionados con el consumo de carne de animales silvestres infectados. Hay relaciones entre los cazadores-recolectores del bosque y la llegada de la contaminación de los murciélagos a la población.  Los animales silvestres suelen servir de puerta de entrada para “humanizar” los virus y otros patógenos, como lo demostraron, y advirtieron, los científicos Cheng, Lau, Woo & Yuen (Universidad de Hong Kong) en 2007, hubo un “efecto de amplificación” con el primer coronavirus del SARS, en 2002, según estudios, pasó de una civeta (o gato almizclero) al hombre. Por su parte, el coronavirus del Mar, producido en Medio Oriente en año 2012, fue transmitido a través del camello.

Desde mucho tiempo hemos interactuado con primates no humanos que nos han “dado” varias enfermedades infecciosas: malaria, fiebre amarilla, dengue, zika y chikungunya (propagado por los mosquitos). Otros virus se asocian a roedores (fiebre de Lassa, viruela de los monos), murciélagos (Ébola, como también, Hendra), aves (H5N1), entre otros tantos.

En el caso del Covid-19, en el mercado de Wuhan, habían animales salvajes enjaulados, concentrados en un mercado gigantesco y en condiciones extremadamente estresantes. Cuando los sistemas inmunológicos fallan en un animal sus patógenos se mezclan con las poblaciones humanas. El consenso, por el momento, parece ser que una especie bio-incubadora, el murciélago, transmitió el virus via el pangolín a los humanos.

 

La destrucción del hábita natural desplaza la fauna silvestre hacia las poblaciones humanas

Por su parte Serge Morand, ecólogo de la salud y director de investigación en el CNRS y el CIRAD, Francia, y profesor en en la Facultad de Medicina Tropical de Bangkok (Tailandia) afirma, “la crisis del coronavirus es una crisis ecológica”. Resaltando el vínculo entre la destrucción de la biodiversidad, la ganadería intensiva y la explosión de enfermedades infecciosas, lo que nos obliga a un cambio urgente del modelo agrícola actual, para así evitar nuevas crisis sanitarias. Se debe preservar la diversidad genética en la naturaleza y la agricultura para evitar la multiplicación de las pandemias. Si bien un país con mucha biodiversidad es fuente de enfermedades infecciosas, es la destrucción de la biodiversidad lo que aumenta el riesgo de epidemias. Si deforestamos o urbanizamos a los animales salvajes, éstos pierden su hábitat y favorecemos su contacto con los animales domésticos y los humanos.

El hombre está despejando cada vez más tierras y bosques y esto desplaza la fauna, como es el caso del Nipah, un virus en Malasia, donde los murciélagos fueron a otra isla y se alimentaron de árboles frutales cultivados por las poblaciones humanas.Las carreteras y las urbanizaciones en las zonas forestales fomentan el aumento en el número de estas infecciones.

 

¡Arrasar los bosques y erradicar especies nativas para limitar las epidemias no es la solución!

Serge Morand declara, “¡es justo lo contrario de lo que debería hacerse! Se ha observado que el número de epidemias de enfermedades infecciosas está correlacionado con el número de especies de aves y mamíferos en peligro de extinción por país. Los entornos ricos en biodiversidad, con mosaicos de hábitats, agricultura diversificada y bosques, contribuyen a reducir la transmisión de enfermedades zoonóticas y son más resistentes. Los patógenos son ciertamente numerosos, pero circulan localmente y están distribuidos en muchas especies, no extendiéndose fácilmente de un lugar a otro y de una especie a otra, por lo tanto, no hay riesgo de grandes epidemias. Esto se llama el “efecto de dilución”. Mientras que, si se cambia el entorno y se reduce el número de especies, el efecto de amplificación es totalmente efectivo”.

En el caso de los países templados existe la enfermedad de Lyme, transmitida por una garrapata. Serge Morand precisa “Se ha demostrado que la enfermedad está menos presente en los estados americanos, donde la diversidad en los pequeños mamíferos es mayor. En los lugares donde se preservan o restauran los ecosistemas hay un número importante de mamíferos, algunos de los cuales son especies “sin salida” que no transmiten la enfermedad, lo que “diluye” el riesgo de infección. “Si se eliminan las especies, especialmente las ‘no competentes’ para la bacteria, se promueve el encuentro entre las garrapatas y las especies ‘competentes’ o ‘anfitrionas’, facilitando así la transmisión a los humanos”.

Si los zorros, depredadores de roedores “huéspedes”, son masacrados, los roedores pululan y se favorece el paso de enfermedades a los humanos. Especialmente si multiplicamos la cría intensiva, donde se concentran animales de una sola especie, sin diversidad genética.

La domesticación de animales promueve las enfermedades infecciosas. Esto ha sido la causa de nuestras principales enfermedades de este tipo, como el sarampión, las paperas, la rubéola, la viruela, la gripe, etc. Las ratas nos “dieron” tifus, plaga, fiebres hemorrágicas o recientemente leptospirosis. Todos estos animales cercanos a los humanos pueden servir como puertas de entrada y “amplificadores” de los patógenos y parásitos que se encuentran en los animales salvajes. Un enjemplo con las aves, los patos domésticos sirven de puente para los virus de la gripe de los patos silvestres y el virus se humaniza.

El hecho de que los virus, que hasta ahora han permanecido en los murciélagos de Asia, lleguen a los seres humanos es nuevo y está directamente relacionado con su pérdida de hábitat, que los acerca a los animales domésticos. El ejemplo del virus Nipah, que surgió en 1998 en Malasia, es emblemático, donde el hábitat que albergaba al murciélago en Malasia se transformó en plantaciones de palma aceitera. Por consiguiente, los murciélagos buscaron nuevos territorios y fuentes de alimento, trasladándose cerca de los cerdos que se criaban para la exportación. Entonces el virus Nipah pasó a través de los cerdos e infectó a los humanos, incluyendo a los trabajadores de los mataderos de Singapur, matando a 140 personas en total.

 

La globalización en juego

 Para Serge Morand, “desde 1960, los seres humanos, los animales y las plantas han sufrido una “epidemia de epidemias””. Cada año hay más y más epidemias, más y más enfermedades diferentes, que se reparten entre los países, y se convierten así, en pandemias. Lo que está cambiando, y creando las condiciones para su explosión, es la combinación de tres factores: la pérdida de la biodiversidad, la industrialización de la agricultura -que acentúa esta pérdida- y un estallido en el transporte de mercancías y personas. Los paisajes se han simplificado, los monocultivos se han multiplicado, han aumentado las crianzas industriales y el intercambio aéreo y marítimo, ¡en un 1.200% entre 1960 y 2018! Instalándose así, una “bomba” epidémica. Este es un gran desafío para los sistemas de salud pública, que deben estar preparados para todo, como el Covid-19, cuando era totalmente improbable que un virus que estaba tranquilo en noviembre en una población de murciélagos, en algún lugar de Asia, encontrara su camino en las poblaciones humanas de todo el mundo cuatro meses después.

 

Se debe evitar respuestas erróneas a la crisis sanitaria actual

En Tailandia, en respuesta al virus de la gripe aviar H5N1, se sacrificaron en masa las razas locales de pollos y se sustituyeron por razas genéticamente homogéneas resultantes de la investigación agroindustrial. Ésta fue la política promovida por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) hasta hace poco. Desde entonces, a principios del siglo XX, el 30% de las razas de pollos y el 20% de las razas de cerdos han desaparecido. Este es un círculo vicioso, porque sabemos que la alta diversidad genética protege contra la propagación de patógenos.

 

¿Qué podemos hacer al respecto?

Debemos fomentar la colaboración entre diciplinas cientificas, de la salud humana y animal, de la agroecologia, de la geografía y del medio ambiente. Los médicos, veterinarios y ecologistas deben trabajar juntos, asi como los gobernantes y politólogos, para que otras epidemias no se convierten en crisis sanitarias. Serge Morand insiste, “Para evitar nuevas crisis, como la del coronavirus, que es un ejemplo de crisis ecológica, es esencial que nuestros líderes comprendan que la salud, e incluso la civilización humana, sólo pueden mantenerse con ecosistemas que funcionen. Que hay límites globales que no deben ser excedidos, de lo contrario, se volverá contra él. Para ello, debemos preservar la biodiversidad repensando la agricultura”. Un camino es ayudar a los agricultores a volver a sus practicas ancestrales, desarrollando la agroecología, el ecopastoreo y la agrosilvicultura. Necesitamos recrear un ecosistema sano y los lazos sociales para poder luchar contra el cambio climático. Necesitamos revalorar el oficio de agricultor, según su diversidad cultural, poder consumir alimentos de calidad y evitar nuevas crisis de la salud. Serge Morand concluye “¡Se puede hacer!”, solo hay que querer hacer el esfuerzo de cambiar de modos productivos intensivos a modos inserto en sus territorios.

 

 

Fuentes :

  • Roche, B., Faye, B., Miguel, E., & Roger, F. (2016). MERS: comment ce virus a émergé et ce que l’on peut faire. CIRAD
  • Cheng, V. C., Lau, S. K., Woo, P. C., & Yuen, K. Y. (2007). Severe acute respiratory syndrome coronavirus as an agent of emerging and reemerging infection. Clinical microbiology reviews20(4), 660-694.
  • Morand, S. (2016). 1. Biogéographie et écologie de l’émergence. Dans: Serge Morand éd., Émergence de maladies infectieuses: Risques et enjeux de société (pp. 13-36). Versailles, France: Editions Quæ. doi: 10.3917/quae.moran.2016.01.0013.
  • http://www.humanite-biodiversite.fr/article/la-crise-du-coronavirus-est-une-crise-ecologique

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